Familias Canguro...

¿Y cuándo te lo quiten?... es una de las frases más oída por todas aquellas familias que se hayan embarcado en la maravillosa experiencia de acoger a un niñ@ en su hogar.















Mostrando entradas con la etiqueta acogimiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta acogimiento. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de diciembre de 2010

Calmar la sed.


Hoy quiero contaros un cuento...
Érase que se era un bonito pozo. En realidad no era un pozo muy especial, si no más bien normalito. Con su cubo para el agua y su piedra gris. Sin embargo, tenía un agua fresca que calmaba la sed. Tampoco su agua era nada especial, no curaba ni te encontraba marido, sólo quitaba la sed.
A veces la gente se acercaba al pozo y tiraba una moneda con la esperanza que un deseo se cumpliera, cosa que por supuesto, nunca sucedia.
Otras, lo miraban mientras apuraban el paso, camino de un pozo mejor del que todos hablaban. Poco a poco nuestro pozo se quedo solo. Nadie iba ya a calmar su sed, nadie se sentaba a mirarlo, nadie hablaba de él. Todos buscaban algo más, algo que no veían en él....
Del mismo modo miramos a veces a los demás. Viendo sólo la piedra gris y normal y no el agua que puede calmar nuestra sed.
Del mismo modo buscamos a los demás. Siguiendo la fama que dejan detrás y no su verdadera utilidad.
Del mismo modo también, esperamos de los demás lo que quizás nadie nos pueda dar, es más fácil comprar que trabajar.
Acoger a un bebé, no es jugar a ser mamás. No es vestirlo de príncipe o princesa, no es ser una familia "guay".
Acoger a un bebé no es la solución para una vida gris, no es llenar tu día con algo que no te pertenece.
Acoger a un bebé, no es cumplir los deseos que nosotros tengamos para ellos, no es transformarlos con una varita mágica.
ACOGER A UN BEBÉ ES CALMARLE LA SED.
Muchos besos a todos los que ya lo sabeis.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Manos que no dáis...

Somos un pueblo refranero, se nos llena la boca de la llamada sabiduría popular, lo cual debería convertirnos en un pueblo muy sabio. Pero los loros repiten frases aprendidas y no por ello saben lo que están diciendo.
Digo esto porque me vienen a la cabeza dos de esos dichos sabios que son utilizados muy a menudo: "hace más que el que quiere, que el que puede", y otro: "querer es poder".
Dicho esto me gustaría cederle la voz a cualquiera de esos niños que están con una familia de acogida. Niños que aunque no tienen voz, si tienen oídos.
Somos muchas las familias, por no decir todas, que ante un acogimiento tenemos que oír la frase que da título a este blog: "Yo no podría" y todas sus justificaciones, y lo tenemos que hacer mostrando comprensión. Pues bien que sea un niño quien os responda, que sea uno de esos niños sin voz los que os digan la diferencia entre "poder y querer". Vamos allá.

"Yo no podría vivir sin cariño.
Yo no podría vivir sin cuidados.
Yo no podría vivir sin una familia.
Yo no podría vivir en un centro.
Yo no podría desarrollarme plenamente sin ti.
En definitiva, yo no podría porque no quiero vivir así".

lunes, 6 de septiembre de 2010

Ella es feliz...



Siento mucho no poner otras imágenes más tiernas de la niña, pero es que recogen momentos muy especiales y ésos sólo son para sus padres y aquellos con los que éstos quieran compartirlas. Pero seguro que vosotros con un poco de imaginación, podréis realizar mentalmente el camino desde las toallas hasta el mar y todos los momentos y experiencias por ella vividos.
Bien, para empezar os diré que nuestra peque no le tiene miedo a nada (ni al agua fría) y que disfruta de cada novedad de una forma increíble...
Se que muchos piensan que será terrible el día que se despida de nosotros, y se imaginan mil y un sufrimientos a nosotros y a ella. Todavía hoy me lo acaban de recordar, y digo recordar porque esta persona me lo recuerda cada vez que me ve. No es que me importe mucho su opinión -imaginación- ya estoy acostumbrado, pero no puedo dejar de preguntarme: ¿Esta mujer no se dará cuenta que si esta preciosidad no estuviera con nosotros, probablemente no hubiera conocido ni el mar?...
El caso es que la niña conoce el mar, la piscina, el monte, la ciudad, el parque, los columpios (como disfruta columpiándose y que carcajadas echa) y otras muchas cosas, que no conocería si en vez de estar con una familia, estuviera en un centro...
Como muchas veces os digo, no os voy a mentir; se pasan momentos malos, pero la auténtica felicidad es el reflejo que recibes de la que das a los demás. Y me consta que ella es feliz y eso es lo único que importa...

lunes, 7 de junio de 2010

La medicina...

Todos hemos oído y dicho en más de una ocasión que esta sociedad está mal, que a dónde vamos a ir a parar, y cosas similares, pero la pregunta es bien sencilla ¿qué hacemos nosotros para que esta sociedad sea mejor?. Si la respuesta es protestar y quejarnos, cosa por otro lado muy habitual al menos en nuestro país, la cosa entonces va mal, como nuestra sociedad.
La salud de nuestra sociedad, es directamente proporcional a la salud de sus componentes, es decir a la salud de todos y cada uno de nosotros. No, no me refiero a no tener gripes, catarros, y otro tipo de enfermedades comunes y corrientes. Me refiero a nuestra salud mental, que al fin y al cabo es la que hace que una sociedad sea sana y agradable, dotando de una felicidad más o menos estable a sus componentes.
Para conseguir este tipo de salud, existe una medicina que resulta muy barata y fácil de administrar: el cariño, el afecto, el amor...
El efecto secundario de esta medicina es que la necesitas durante toda la vida, resulta casi como una adicción. Pero si nosotros personas adultas la necesitamos, más aún la necesitan los niños pequeños, ya antes incluso de salir de la barriga de su mama.
Es tan importante este medicamento amoroso que en caso de verse privado de él durante el primer año de vida, provoca una enfermedad denominada Depresión anaclítica, que se manifiesta como un cuadro clínico en el que el niño recibe escasos estímulos del exterior, lo que le mueve a realizar pocos movimientos y a desarrollar un mímica escasa, mostrando también poco interés por su entorno. Todo ello atribuído a la falta de presencia materna y privación de la relación emocional...
El primer año de vida es fundamental para el sano desarrollo del individuo que el día de mañana formara parte activa de ésta a la que llamamos mala sociedad. En nuestras manos está que nuestra sociedad sea un poco más sana y para ello solo debemos tener en cuenta que los hijos del mundo son nuestros hijos también...
Acoger a un niño es una bendición para él, para ti y para la sociedad entera.
Dejemos de quejarnos y actuemos...

jueves, 20 de mayo de 2010

Música celestial...



Ya en su día escribí en la entrada Regalos para el Alma, que las primeras sonrisas de los bebés no son una respuesta consciente a los estímulos que les aportamos aquellos quienes los cuidamos.
Sin embargo las primeras palabras, aún no teniendo consciencia de su significado, si que las dicen sabiendo que lo hacen. Con esto lo que quiero decir, es que nuestra pequeña hace unos días ha comenzado a decir pa-pá, y si bien no identifica la figura de un hombre con esa palabra, la dice y la repite como el mayor de los descubrimientos. Tanto es así, que el otro día venía dormida en el carricoche y nada más despertar, lo primero que hizo fue decir pa-pá.
No hace falta decir que la alegría en casa fue mayúscula, yo creo que porque nuesto perro no sabe hablar, sino también estaría animándola y felicitándola cada vez que lo dice bien.
Sin embargo he de confesar, que durante una décima de segundo, tuve un sentimiento de tristeza. Tristeza no por mi, sino por el verdadero padre que algún día tendrá nuestra peque, por que él nunca oíra de sus labios el primer papá. Pero como he dicho, sólo fue un instante, pues enseguida pensé, que cuando llegue el día que la peque esté con sus padres, ese día cuando ella lo llame papá, lo hará con total conocimiento y puedo imaginar que ese primer papá, le sonará a ese hombre como música celestial...
Mientras tanto, nosotros seguiremos enseñándole a decir: mamá, nany (mi mujer), beto (yo), ela (mi hija mayor), nina (mi hija pequeña), dago (nuestro perro)...tito, tita, pan...y todo lo que sea necesario. Y por supuesto con todo el Amor del mundo...

miércoles, 3 de marzo de 2010

La maestra...


Habéis leído y oído hablar de ella, bueno, pues aquí está, os la presento. Perdonad que no se nos vea muy bien la cara, pero a nosotros eso del famoseo no nos va mucho.
Parece mentira, pero ahí estamos. Hace cuatro días, -como quien dice- me regalaba sus primeras carcajadas, y ahora nos encontramos ahí sentados, abrazados como dos amigos, observando una soleada mañana, mientras hablamos de nuestras cosas.
En la época más difícil de la vida de cualquier persona, es decir: la adolescencia, me quedé sin referentes a los que seguir. Así que crecí sin maestros, sin líderes y sin famosos a quien admirar. El caso es, que durante mucho tiempo, busqué a ese maestro, también muchas veces creí encontrarlo y me equivoqué. Pero al final lo encontré y lo creáis, o no, lo tenéis delante vuestra. Entre otras muchas cosas, ella me está enseñando a no juzgar de verdad...¿cuántas veces decimos?: "yo no juzgo, yo sólo digo que...", o frases similares. ¿Pero decimos la verdad, al decir: yo no juzgo?...¿No es nuestra propia opinión un juicio de como debería ser o hacerse una cosa?...
Aunque nos gusta mucho juzgar, decimos que no lo hacemos, porque en el fondo de nosotros, sabemos que: "no somos quien para juzgar"...
Por cierto, después de una maravillosa conversación matutina, ¿qué mejor, que una buena siesta de media mañana?...

miércoles, 10 de febrero de 2010

Nunca Jamás...


Peter Pan, el eterno niño, el niño que no quería crecer. La niñez, la inocencia, la pureza. Esa época tan frágil de la vida y tan importante a la vez. Época de suma importancia, que hará del niño de hoy, el hombre de mañana.
Peter Pan no quería crecer, porque conocía muy bien a los mayores. Pobre niño, terrible paradoja para él.
Para mi cada bebé que acojo en mi hogar, es Peter Pan o Campanilla y no porque no quieran crecer, que vaya si lo hacen. Para mi son Peter Pan y Campanilla, porque siempre se quedarán conmigo, aquí y ahora, en el país de Nunca Jamás...

sábado, 30 de enero de 2010

Amor incondicional...

Tanto se ha escrito y se escribirá sobre el Amor: poetas, filósofos, escritores...que me da miedo hacerlo a mi. Pero así soy yo, un puro Aries, nacido en martes y en el año de la cabra, osea que cualquier miedo es mi enemigo y mi única opción es luchar para vencer.
Escépticos los hay, que no creen ni en ellos mismos, como para encima creer en el Amor. Amor que en la mayoría de las veces es egoísta, pero no por ello deja de ser Amor.
Si además de hablar de Amor, lo hacemos del incondicional, entonces la cosa se complica, porque incondicional implica no esperar nada a cambio, y aquí es donde los escépticos encuentran su piedra angular para afirmar que el Amor no existe.
Amo a mi mujer, sobra decirlo, pero siempre espero que ella esté ahí cuando vuelvo del trabajo, ahí, escuchándome cuando tengo necesidad de hablar, o de callar. Espero envejecer juntos y ser un par de ancianos cogidos de nuestras arrugadas manos, pero con un brillo especial al mirarnos. Aún así, aunque toda nuestra vida fuese un paseo por un jardín de flores, nunca será un Amor incondicional, pues siempre esperaré que ella esté ahí a mi lado.
Amo a mis dos hijas, también sobra decirlo, pero espero verlas crecer y hacerse dos mujeres independientes y autosuficientes, espero hacer las cosas lo mejor posible, para que ese título que nos ponen nuestros hijos cuando son pequeños, sigan poniéndomelo cuando sean mayores, "el mejor padre del mundo". Por lo tanto tampoco es un Amor incondicional.
Amo a mi perro, esto no sobra decirlo, pero también espero que salga siempre feliz a recibirme y que yo sea para él su mejor amigo. Parece difícil no esperar nada a cambio. Pero lo difícil no significa que sea imposible.
Acoger a un bebé en tu familia es difícil sí, pero Amarlo es muy fácil. Cuando le doy de comer, cuando le hago sonreír, cuando la baño (y ella a nosotros con sus chapoteos), cuando le hago caricias, masajes, le doy besos (deben de ir miles de ellos, en este tiempo), cuando hablo con ella en su mismo idioma, y ella me responde con risas y provocaciones, cuando hago todo eso, no espero nada a cambio. Sólo lo hago para hacerla feliz.
Cuando hago todo eso, no espero nada a cambio y sin embargo recibo todo eso y mucho más...

miércoles, 6 de enero de 2010

Regalos para el Alma...


Dicen que las primeras sonrisas de los bebés, no son una respuesta consciente a ninguno de los estímulos que les aportamos aquellos que los cuidamos. Bien sean sus padres, familiares o como en nuestro caso, una familia de acogida. Muy a pesar nuestro, hay que decirlo, pues es una de las sensaciones más agradables, ver como un bebé te sonríe. Pero tampoco hay que preocuparse, pues el tiempo pasa muy rápidamente y en seguida nos sonríen de verdad.
Hace ya bastante tiempo (medido en días, porque en meses, serían muy pocos), tengo el recuerdo de una de esas sonrisas.
Era por la noche. Tanto el bebé, como nuestras hijas, estaban ya acostadas. Entré en nuestra habitación a buscar una cosa, la luz del pasillo a mis espaldas, iluminaba la estancia. Me quedé mirando al bebé, que estaba completamente dormida. La expresión de su cara, transmitía una paz, que me inundó. Allí, inmóvil ante ella, admirándola, no puede por menos que sonreír. Como si ella estuviera despierta y además sus sonrisas fueran una respuesta a las mías, ella también sonrió en sueños. Yo despierto, ella dormida, los dos sonriendo. Espero no olvidar nunca esa inconsciente sonrisa.
A día de hoy, sus sonrisas son total y completamente conscientes. Nada más levantarte por la mañana y asomarte a la cuna, allí está ella, recibiéndote con unos gu-gús y unas sonrisas, que son alegría para el Alma.
Si aquella sonrisa, me dejó marca, ahora voy a relatar otra anécdota que también lo hizo: hace unos días, también por la noche, me encontraba cambiando a la niña, después de su ultimo biberón del día. Antes de ponerle el pijama, le estaba haciendo caricias y jugando con ella. A lo que ella respondía con sus enormes sonrisas y gorgoritos. El caso es que me puse a hacerle un masaje. Extendí mis dos manos en su cuerpo (desde la punta del dedo corazón, hasta el final de la mano, abarco todo su pecho y barriga), bajé desde los hombros hasta las piernas y de repente la niña emitió un sonido, que me sorprendió completamente por lo inesperado. Miré a mi hija pequeña que me acompañaba en ese momento y pude ver en ella, la misma cara de sorpresa que yo tenía. Repetí el movimiento otra vez, y el mismo sonido volvió a salir de la boca del bebé. Mi hija y yo no dábamos crédito. El bebé, nos acababa de regalar sus dos primeras carcajadas y por cierto vaya carcajadas.
Con los bebés de acogida que han pasado por nuestra casa, suelo por regla general no pensar en el futuro (ahí va una pequeña pista, de como enfrentarse a esta situación), pero en este caso hice una excepción y pensé: "ya verás que carcajadas te voy a sacar, dentro de muy poco".
Por cierto hoy día de Reyes, después de unos cuantos días de aquellas carcajadas, me las ha vuelto a regalar...

domingo, 8 de noviembre de 2009

Yo no podría...


Hace unos días una amiga me preguntaba si ya había oído algún comentario "de esos ingeniosos" que nos suelen decir cuando de nuevo tenemos un bebé con nosotros...Bueno, por supuesto que si ha habido frases "lapidarias" pero la verdad es que no sé si es que me hago un poco más mayor y por lo tanto más benevolente con las tonterías cotidianas o es que el cansancio me impide darle una vuelta a las frases que nos regalan tan amablemente los conocidos. No me malinterpretéis. Cuando digo que estoy cansada, no me refiero al cansancio físico que puede resultar de cuidar de un bebé de pocos días. Nada más lejos de la realidad. Nuestro "bichito" es un cielo que apenas da que hacer, come cada casi 4 horas, apenas llora y no mancha ni los baberos. De momento, sólo nos da sueño partido durante la noche....así que lo del cansancio no va por ella.
Lo del cansancio va más bien por un montón de gente que nos trata como si lo que hiciéramos fuera algo tan incomprensible y de un sacrificio tal, que sólo les falta reservarnos un palco de honor en lo más profundo de su corazón. A ver, no desprecio su admiración, simplemente no creo merecerla. No sé si ya lo dije con anterioridad o no, pero suelo repetir bastante a menudo a toda la gente que intenta "subirme de escalón" que cada uno hace lo que puede y en la medida que puede. Hace 8 años Berto y yo nos informamos sobre el Programa de Familias de Acogida, pero no era el momento, ahora sí. Del mismo modo, otras personas ahora no y quizás dentro de unos años digan sí a este proyecto o a otro que de algún modo ayude a mejorar la sociedad en la que vivimos. En la vida pasamos por muchas etapas y yo creo que todas nos ayudan a mejorar, a madurar, pero en esencia somos los mismos, colaboremos o no con alguna causa. Aunque en determinadas ocasiones tengamos que decir no, lo importante, lo que nos mueve, está ahí dentro y uno no va proclamando sus ideales o sus motivaciones. Por lo tanto todos somos iguales defendamos o no de forma visible algo que nos causa dolor o nos parece injusto.
Y por cierto, por si alguien aún no lo tiene claro: Yo no podría dejar, a todos esos bebés, sin una familia, sea por dos meses o por dos años.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Agradecimientos

Es increíble como los acontecimientos se precipitan a veces a una velocidad endiablada. En los últimos 17 días (desde que abrimos el blog) hemos visto como vuestras visitas se multiplicaban día a día y lo que es más importante aún, vuestros elogios y ánimos nos han llegado a través de distintos medios con una fuerza y calidez que nos han dejado boquiabiertos. Lo malo de todo este asunto es que resulta muy fácil dejarse envolver por vuestras palabras...

"¿Quieres que de ese néctar delicioso no te amargue la hez?
Pues aspírale, acércale a tus labios y déjale después."

Gracias a todos por responder a nuestra llamada, por "engancharos" a nuestro espacio, por hacernos un hueco en vuestro día a día. Gracias a todos porque aunque no tengáis pequeños en vuestras casas nos habéis acogido a nosotros y nos dais la fortaleza suficiente para mirar desde la distancia las malas contestaciones, la desconfianza y los prejuicios de los que no nos quieren tan bien como vosotros.

domingo, 23 de agosto de 2009

Corazón


Decía Friedrich von SCHILLER (dramaturgo alemán del S. XVIII) "No es la carne y la sangre sino el corazón lo que nos hace padres e hijos"; y lo decía en una época en la que no me parece a mí que las adopciones internacionales estuvieran a la orden del día y seguramente los acogimientos no tendrían el mismo cariz que el que tienen en la actualidad.
Lo que supongo que ya tenía muy claro Schiller es que el amor en la familia no lo marcan los genes comunes sino el deseo compartido. El deseo por ver crecer, madurar, amar; por sentir que algo tan indenfenso como un niño se convierte en un adulto capaz de ser feliz y hacer feliz a los demás. Un adulto capaz también de no olvidar a aquellos que guiaron sus primeros pasos, a aquellos que le enseñaron a caminar y a resolver conflictos, a aquellos que con su ejemplo le enseñaron a amar.
Ojalá que para conseguir esto, a los padres nos bastara con un ADN común pero me temo que los resultados de un análisis no sirven de nada. Al final lo único que sirve es el desvelo, el sacrificio, la generosidad, la sonrisa a pesar del cansancio y del dolor. Al final, lo único que sirve es el amor.

domingo, 16 de agosto de 2009

¿A qué me comprometo?...

Al acoger a un menor me comprometo... "a ejercer su guarda con plena participación en mi vida familiar, a velar por él, tenerlo en mi compañía, alimentarlo, educarlo y procurarle una formación integral; con la finalidad de proporcionarle un ambiente familiar adecuado y estable." Eso y alguna otra cosa más es a lo que Berto y yo nos comprometemos con la Consejería de Bienestar Social y Vivienda del Principado, con las firmas de ambos por triplicado, aunque en realidad el compromiso es con los peques que han llegado a casa y el documento que firmamos no es comparable con todo lo que estaríamos dispuestos a darles desde el corazón.