Familias Canguro...

¿Y cuándo te lo quiten?... es una de las frases más oída por todas aquellas familias que se hayan embarcado en la maravillosa experiencia de acoger a un niñ@ en su hogar.















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jueves, 27 de mayo de 2010

Primeros pasos...

Lo bueno de tener un bebé de acogida en casa (al menos una de las cosas buenas) es que sólo te ocupas de cuidarlo y disfrutarlo, algo que con los hijos no se consigue. Con tus hijos, naturales o no, haces planes para ellos, buscas cualidades o defectos de la "casa", tratas de imaginarte como serán en un futuro...
Reconozco que en mi caso soy bastante prudente a la hora de planificar o de influir en sus gustos pues no me gustaría proyectar en ellas lo que yo no conseguí o lo que me gustaría que fueran. Intento buscar caminos que las guíen pero sin que pierdan nunca la inmensidad del horizonte ante ellas. Evidentemente, no me gustan las etiquetas. Sé que es inevitable y que por instinto juzgamos y etiquetamos porque sólo si estamos con los que nos asemejamos tenemos más garantías de sobrevivir. Pero como también creo que estamos en continua evolución no sería justa si no os dijera que creo también en las mezclas, en la diversidad, en las fusiones. Que creo que todo esto nos hace avanzar. Conocer bien lo que nos rodea nos da seguridad y perfección, salir a conocer lo que desconocemos nos hace ser mejores, llegar más lejos. Al final, lo de siempre, lograr un equilibrio...¿y por qué os cuento todo esto? Porque mientras "nuestro" bebé comienza a decir sus primeras palabras y a despertar, nuestra niñas, comienzan a tomar sus propias decisiones, acertadas o no, y nosotros asistimos, casi impotentes, a sus contradictorios deseos de permanecer o experimentar....
Supongo que la paciencia es la mejor compañía...pero no conozco a ningún chico o chica de su edad con ese nombre....

martes, 13 de octubre de 2009

La espera

Como muchos de vosotros ya sabéis, estamos esperando un nuevo bebé. Lo curioso es que no sólo lo esperamos en casa si no que un montón de gente que nos rodea lo está esperando también con nosotros. Y digo lo curioso, porque aunque hay bebés muy deseados que por desgracia tienen que verse en el programa, otros muchos no son tan esperados y no deja de sorprenderme que tantos desconocidos estén ya pendientes de su llegada para darle un poquito de amor durante el tiempo que esté con nosotros. Quiero pensar que de alguna forma, es la manera que la vida tiene de empezar a compensarles por lo que les falta de primera mano.
Algunas veces, he estado con madres que en vez de amar a su hijo, parecían amar a su propio reflejo, como si esos pequeños fueran una extensión de ellas mismas. Supongo que es muy fácil dejarse llevar por la fantasía, por los delirios de grandeza o nuestras frustraciones y pretender que nuestros hijos consigan lo que nosotros deseamos. Supongo que debe ser terrible descubrir un día, que vives con un desconocido, torturarte pensando en que te equivocaste o porque te "salió" mal...O quizás, en el mejor de los casos, darte cuenta que en vez de amar a tu hij@ por lo que es, lo amaste pensando en lo que tú querias que fuera...
Confío en no dejarme llevar nunca por el reflejo en el agua y poder seguir amando sin ideas preconcebidas a mis niñas y a cada uno de los bebés que pasen por nuestro hogar. Como ya dije más veces, amar es dejar marchar, amar es libertad.

jueves, 20 de agosto de 2009

Dejar marchar...


Mañana iré a buscar a mis niñas que llevan más de una semana con los abuelos en el pueblo. La mayor, me rogaba, cuando hable con ella por teléfono, si no podían quedarse más. La pequeña sin embargo nos echaba de menos y aunque lo estaba pasando fenomenal, quería vernos y volver a casa. Cuando se fueron aún estaba el peque con nosotros, así que no tuvimos tiempo de ir a la playa, al cine o jugar los cuatro juntos sin preocupaciones o interrupciones. Sin embargo, mi niña grande, quiere más libertad. Ya no siente la urgencia por estar a nuestro lado, la necesidad de nuestros mimos, y aunque me consta que le encantan nuestros arrumacos y nuestras conversaciones, mi niña grande necesita más.
Siempre fui consciente que los hijos vienen y se van, sólo que hasta ahora no había empezado a vivirlo. No siento pena. Yo también soy hija y mi madre como buena madre, me dejo marchar.
A pesar de estar sola en ese momento, mi madre se armo de valor y recibió con una sonrisa al extraño que su hija le presento como el amor de su vida. Nunca puso una mala cara ni me hizo un reproche cuando durante horas le hablaba de él o entraba en casa y después de un fugaz beso volvia a irme. Como buena madre, supo que había llegado el momento de dejarme volar y así lo hizo. Hace unos días que Berto y yo cumplimos 18 años juntos.
Dentro de unos años, yo tendré que ser igual de valiente que mi madre y sonreir cuando mi niña grande decida planear o volar contra corriente sabiendo que para eso, es para lo que vino a este mundo. Para que algún día, yo, la deje marchar...