
Hace unos días, la mayor de mis niñas nos sorprendió en mitad de la comida con una pequeña "crisis" de identidad. Quería ver una serie de tv bastante famosa que muchas de sus amigas ven y a ella no le dejamos. Entendía nuestros motivos para negarnos y sabía que si nosotros estabamos presentes podía tener una oportunidad de conocer algo más que el estribillo de la canción con la que la tv bombardea a todas horas...Argumentó que no se enteraba de lo que hablaban en el recreo, que no sabía quién era quién, y que "casi" tenía 12 y eso era como tener "casi" 13...En fin mi pobre niña utilizó todos sus recursos para conseguir su objetivo.
Sin embargo, la tensa situación se rompió cuando recordó que una compañera de su clase al comentar que no la veía, ni corta ni perezosa, le contestó: Ay ....es que esa serie no es para tí... Claro, ahí rompimos todos en risas (o casi todos, a Berto le costó un poco más dejarse llevar por lo absurdo del comentario).
Lo cierto es que esa serie, tampoco es para mí. Por eso retraso el momento de sentarme con mis hijas ante ella, aunque sea para comentar las barbaridades que en ella se dan por naturales. No comparto esa idea tan manoseada de adolescentes igual a descerebrados por naturaleza, ni que la adolescencia se alargue hasta los 20 años, ni ese concepto de que por ser joven se ha de ser promiscuo hasta la saciedad, y por supuesto, no comparto eso de que "como todos lo ven"...
Así que, aunque sé que la amiga de mi hija no va a leer esto, sólo me queda decirle: Cariño, esa serie, tampoco es para mí...